MACHISMO EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS

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Los Juegos Olímpicos Modernos (JJOO) son el mayor escenario deportivo desarrollado en la actualidad. Cada 4 años tenemos el honor de presenciar un evento formidable donde los mejores atletas demuestran sus capacidades en una amplia gama de deportes: fútbol, baloncesto, natación, lucha, atletismo…

Sin embargo, ni siquiera en dicho evento se evita el menosprecio hacia la mujer. Más en concreto la creencia de la superioridad del género masculino sobre el femenino, con el consecuente sexismo. A continuación, me dispongo a explicar algunos de los casos que se dieron en los últimos Juegos Olímpicos de Brasil 2016:

El primer caso y más claro de todos es el de la saltadora de pértiga Allison Stokke, la cual cuenta con un físico y una belleza envidiables que han hecho que más de una persona se vuelvan “aficionados” a esta modalidad deportiva que practica. Debido a esto la deportista pasa de ser lo que es, una deportista de élite, a convertirse en un simple pedazo de carne. Sus resultados y marcas personales pasan a ser secundarios frente a la imagen que da al público. Esto se refleja en la amplia cantidad de seguidores que tiene en las redes sociales. Basta con ver la mayoría de los comentarios que le dejan dichos seguidores para saber de lo que hablo.

Pero este caso no es el primero y no será el último que se de en cualquier competición deportiva, pues muchas más deportistas de élite se han visto y se siguen viendo sumergidas en este aura para nada feminista que nos rodea. También tenemos a la nadadora Katinka Hosszú, la cual batió el récord mundial en los 400 metros y se colgó dos oros, entre otros muchos ejemplos de mujeres reconocidas más por su belleza que por sus logros.

Otro hecho lamentable es la prensa, la cual es muy distinta cuando habla de mujeres a cuando habla de hombres. A los deportistas varones se les suelen reconocer sus logros tan complicados, mientras que entre el sector femenino dominan más las discusiones sobre la edad que tienen las deportistas, su estado civil, etc. “Vaya marca ha hecho la mujer de…”, o “qué buena está esta jugadora de voleibol”, serían comentarios usuales entre los aficionados de las olimpiadas.

La prensa y los comerciantes, además de las empresas, sacan a relucir su carácter capitalista y convierten a deportistas en verdaderas máquinas de hacer dinero. Se pierde el carácter educativo y la expectación por el rendimiento, y las olimpiadas se asemejan cada vez más a un desfile de moda donde las mujeres son simplemente un foco de atención (junto a la ropa que llevan puesta), y nada más.

Bajo mi experiencia personal, he tratado con varias compañeras deportistas a lo largo de mi vida, y algunas de ellas, las cuales son verdaderamente atractivas en términos generales, durante su etapa deportiva se convirtieron en el foco de piropos soeces continuos por parte del público, incrementando así el machismo para nada sorprendente que nos asola frecuentemente. Incluso en este último año 2016 se dieron algunas trifulcas con el propio colegiado en un encuentro de fútbol femenino por comentarios como “oye guapa, tranquila o a la próxima te amonesto”. ¿Alguien se imagina que el hecho fuese al contrario, una mujer pitando un partido que le llame al jugador con el calificativo de guapo? Difícilmente debido a la debilidad sexual generalizada del hombre hacia la mujer, que pone por encima la libido a la razón.

Y es que en nuestro día a día podemos presenciar actos de este tipo, en cualquier época del año (y por supuesto en verano). Se ha considerado como casual y normal lanzar piropos a la chica que va paseando por la orilla de la playa. Los comentarios entre grupos varoniles son más que evidentes, casi siempre justificados por la vestimenta de la mujer o cualquier excusa barata de la misma índole. El hecho de que una mujer vaya a una fiesta con escote no implica que otra persona tenga que juzgarla, aunque nuestros mayores de mente más cerrada tengan el prejuicio de que la vestimenta de una persona determina cómo es y va ligada a ella. Yo no digo que no represente una personalidad, pero sí que estoy seguro de que no determina a la persona por completo. Simplemente es usar la lógica, pues no todo el mundo basa su tiempo en determinar cómo vestir. Hay más intereses.

Resumiendo, se debe de empezar a dar la misma importancia socialmente a los deportivas, sean hombres o mujeres. No podemos tolerar que en la portada de un periódico salga cualquier logro deportivo masculino antes que un oro olímpico femenino. En España este caso lo tuvimos con el peinado de Sergio Ramos, jugador del Real Madrid, y la medalla olímpica que había conseguido Mireia Belmonte en natación. Este problema (como la inmensa mayoría de ellos) viene de base, de la educación que se lleva a cabo en los centros educativos, donde aún quedan restos del patriarcado que hemos tenido hasta hace poco donde el padre es el cabeza de familia, el representante de la fuerza y la autoridad, y la madre la débil y la que lleva a cabo todo lo relacionado con temas menos importantes, secundarios.

Afortunadamente poco a poco se aumenta la actividad física femenina y cada vez salen mejores deportistas, lo que augura que en un futuro se consiga lo que muchos queremos: una mayor actividad deportiva femenina para contrarrestar al mito de que las chicas solamente juegan a las muñecas y se maquillan, seguido de la igualdad de oportunidades y de reconocimiento por los logros, al igual que se está luchando en otros campos como con la igualdad salarial, por ejemplo.

Sin más preámbulos, finiquito este escrito insistiendo en lo importante que es llevar el feminismo a todos los ámbitos, y no simplificarlo solamente al deportivo, además de insistir también en intentar conseguir la extensión de deportes femeninos para no quedarnos en la anécdota de que el único deporte que se ve más en mujeres que en hombres es el voleibol, por características puramente físicas relacionadas con la mera imagen. Las empresas y los medios de comunicación visten y determinan el rol que ocupa la mujer deportista en la sociedad debido a la dependencia económica. La solución sería darle la vuelta a la situación.

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